Resiliencia: tomando las riendas del bienestar común

Una de las palabras para mí más novedosas en la terminología que se usa en el entorno ecologista es “resiliencia“. Para esclarecer lo que significa he entrevistado a Alejo Etchart, consultor sobre desarrollo sostenible, especialista en comunidades en transición, y miembro de Equo Euskadi.

R: La primera vez que oí la palabra “resiliencia” fue asociada a pueblos que después de una catástrofe natural eran capaces de volver a funcionar. Asociaba resiliencia a la capacidad de resistir a la adversidad, “como el junco que se dobla pero siempre sigue en pie”. ¿Es una buena definición?

A: La resiliencia es originalmente la capacidad de los materiales de absorber impactos externos sin por ello dejar de cumplir sus funciones esenciales. Por ejemplo, se suele pedir el acero con una resiliencia de -40ºC, porque a partir de esa temperatura pierde dureza.

Sobre resiliencia en términos sociales he encontrado una definición que me gusta más:
En el contexto de la exposición a adversidades importantes, la resiliencia es la capacidad de las personas para descubrir qué recursos físicos, psicológicos, sociales y culturales conforman su bienestar y para acceder a ellos de forma individual y colectiva de manera acorde con su cultura” (Michael Ungar, Resilience ResearchCenter)

R: . Las sociedades uniformes son más vulnerables. Es algo análogo a lo que ocurre con los cultivos uniformizados, que son más vulnerables a las plagas que los diversificados. Nuestra sociedad actual (entendida como tal nuestra sociedad europea occidental), ¿dónde está uniformizada, cuales son sus vulnerabilidades?

A: Música. Cultura. Fútbol. Turismo en masa. Moda. Telebasura. Acumulación. Individualismo. Estilo de vida. Hay diversidad, pero (en términos estadísticos), la ‘moda’ es tan alta y coincidente con la ‘media’ que la ‘desviación típica’ es muy baja.

Más que macroentornos de los que hablas (sea Europa, España o Bilbao), a lo que me refiero es a microentronos de comunidades de proximidad. Con profesiones, horarios, hábitos, etc. parecidos, cuando ocurren excepciones (que pueden no serlo en la comunidad vecina), hay problemas para resolverlas.

R: Tomemos por ejemplo una comunidad de proximidad, un barrio. Un observador que pasease por allí, ¿Qué vería de especial? ¿Cómo sabría que está en un barrio “con alta resiliencia”?

A: Es una muy buena pregunta, que aprovecho para comentar que la creación de resiliencia es tan importante que puede considerarse una alternativa al crecimiento económico como medio para una evolución deseable, máxime cuando el crecimiento económico es inviable en la práctica. La construcción de resiliencia implica un fuerte movimiento de generación de economía local y de empleo local que está íntimamente relacionada con la economía verde.

Igual que para medir el crecimiento se utiliza un indicador complejo como el PIB, para medir la resiliencia se pueden utilizar una serie de indicadores o una combinación de ellos. Estos indicadores guardan relación con las cantidades relativas de energía, comida y otros bienes básicos producidas localmente, los negocios de propiedad local, la distancia al trabajo, el uso de transporte eficiente energéticamente, la moneda local en circulación, la cantidad de deshechos compostables que de hecho se composta, la relación entre espacio para aparcamiento y tierra productiva, el grado de conocimiento de la población sobre cultivos, bricolaje, cocina y costura, la exposición ante una crecida del nivel del mar, las vías de evacuación de agua ante inundaciones, etc. De todo ello, algunas cosas se pueden observar en un paseo por el lugar, sí; pero es un asunto mucho más complejo.

R: Cuando escribes sobre este tema sueles hacer referencia al proceso “bottom-up”, “de abajo hacia arriba”. ¿Qué quieres decir con eso? ¿Significa, por ejemplo, que debemos dejar de lado las instituciones actuales y buscar otra forma de tomar decisiones?

A: Si algo está claro es que las personas no podemos dejar de mano de los gobiernos porque su miopía en el tiempo y en el espacio les impide afrontar seriamente asuntos que tienen repercusión en la sostenibilidad del sistema a largo plazo y que implica acción coordinada con otros países. Los decepcionantes resultados de la Cumbre de Río+20 son un claro ejemplo de ello.

Los ciudadanos debemos tomar las riendas de nuestro propio destino. Movimientos de las Transition Towns, las ecomunicipalidades originariamente suecas o las mismas ecoaldeas en España, además de muchísimos otros no asociados, pueden ser el amanecer de una nueva generación de negocios sociales puestos en marcha por ciudadanos responsables que se comprometen con formas alternativas de desarrollo movidos por motivaciones como la responsabilidad, la justicia, la equidad o la búsqueda de seguridades alimenticias, de agua o climáticas, más que por el apoyo institucional. Estas iniciativas toman como base los activos que existen en las personas y el territorio, y los reorientan a la construcción de resiliencia y al servicio del bien común, a la vez estando radicalmente comprometidas con los principios básicos del desarrollo sostenible. Estos enfoques se están implementando en comunidades por todo el mundo guiados por fuerza de abajo arriba, aunque, para que se adopten de forma más generalizada deberían recibir incentivos de arriba abajo. Tales incentivos no sólo contribuirían a extender su aplicación, sino también, de forma crítica, deberían orientarse a construir la viabilidad económica de estos enfoques deseables social y medioambientalmente –completando así los tres pilares de la sostenibilidad y reorientando su equilibrio. Se trata de promover la innovación hacia modelos de negocio social que, mediante la creación de resiliencia, se orienten hacia el bienestar; en vez de, mediante el crecimiento económico, hacia la acumulación.

Peter Senge, gurú del desarrollo organizacional, lo dice claramente: “Si alguna esperanza existe para la humanidad, reside en regenerar la vida en comunidad, recuperando de nuestro ADN la característica de animales sociales”. La innovación necesaria no es tecnológica: es social, es sistémica.

Una lectura de los tres principales documentos previos a Río+20 (‘Gente Resiliente en un Planeta Resiliente (…)’, el original del Borrador Cero y las Notas de Coordinación) desde la perspectiva de esta visión muestra cómo se alinean con ella. Pero, lamentablemente, la visión de los promotores de Río+20 no pudo con la de los necios que gobiernan el mundo con visiones tan miopes como las de los economistas a los que se refería Boulding cuando afirmaba que “alguien que cree que el crecimiento económico infinito es posible o está loco o es un economista”. Es la fatal tragedia de los comunes.

R: Si alguien ha llegado hasta aquí y quiere poner en práctica estas ideas… ¿por dónde le sugerirías que comenzase? ¿qué se puede hacer?

A: A quien le interese trabajar por la resiliencia de su comunidad de vida le recomendaría encarecidamente que se acercase al movimiento de las Transition Towns. En España el número de localidades y comunidades ‘en transición’ está creciendo exponencialmente. Existe una wiki que ayudará a conocer sus bases, a encontrar qué movimiento puede haber más cercano a nuestros lugares o a empezar una iniciativa propia. En estos momentos estamos trabajando en la creación de un Eje de Iniciativas en Transición que apoye a las distintas iniciativas y promueva la creación de otras nuevas. Precisamente acabo de volver de Londres, donde se ha celebrado la anual Conferencia Internacional de la Transición, con unos resultados muy positivos.

Después de leer a Alejo me quedo con la sensación de que ya hay mucha gente poniendo en práctica muchas de las propuestas ecologistas. No esperan a que “desde arriba” se creen las condiciones necesarias, sino que son ellas mismas quienes, citando la entrevista, “toman las riendas de su destino”. ¿Quizá quienes nos lean hayan tenido una experiencia similar que nos puedan contar?

Como bonus y para quien quiera profundizar, dejo un capítulo escrito por Alejo Etchart para un libro sobre resiliencia (en inglés): Resilience.

Alejo Etchart es Licenciado en Económica y Empresariales, MBA y MSc con distinción por DMU (Inglaterra). Colabora con Stakeholder Forum for a Sustainable Future en asuntos a nivel ONU, con el think tank Ekopol y con varias organizaciones vascas en el ámbito de la huella de carbono y generación de comunidades. Es éste último campo, el desarrollo sostenible a través de las comunidades de proximidad y dirigido a la generación de resiliencia, en el que radica su pasión. Promueve la visión Resivitas y la Iniciativa Bilbao en Transición; y participa en la creación de un Eje Nacional que sirva de apoyo a las iniciativas locales. Es miembro de Equo (Bizkaia).

4 pensamientos en “Resiliencia: tomando las riendas del bienestar común

  1. Sergio A.

    Desde mi desconocimiento del tema, que empiezo a subsanar con este artículo/entrevista y echando un vistazo a las webs que recomendáis, en particular la de http://www.transitionmnetwork.org, me pregunto si avanzar hacia la vida en comunidades más resilentes cuando se vive en una gran ciudad (yo vivo en Madrid, en el centro) supone casi inequivocamente tener que marcharse al campo, a un pueblo. ¿Se puede desarrollar una vida en comunidad más resilente en una gran urbe? La respuesta inmediata me remite al barrio pero la vida de barrio en las grandes ciudades y especialmente en las áreas centrales de una gran ciudad como Madrid, ha desaparecido. El papel que jugaban las asociaciones de vecinos a finales de la dictadura y tras la muerte de Franco no ha vuelto ser el que era y en Madrid apenas si se percibe que tienen cierto protagonismo en barrios muy barrio, pero no en el centro en donde se percibe que hay una mayor mezcla de residentes habituales/permanentes, residentes de paso (o habituales pero con mentalidad de estar de paso), comercios, edificios de oficinas, edificios oficiales… Parece difícil construir comunidad en un entorno así y resilencia sin renunciar a las por otra parte ventajas y posibilidades que ofrece vivir en un entorno como este, con una absoluta fálta de sentido de comunidad y social entre vecinos pero muy rico en vida cultural y oportunidades laborales. Ya imagino que la respuesta viene por dejar de ver como necesarias esa oferta cultural o esas vías de desarrollo profesional. Lo primero, tendríamos que hablarlo porque para una persona como yo, con 20 años de desarrollo profesional vocacional en el mundo de la cultura, me cuesta pensar en que es posible desarrollar focos de intercambio cultural tan ricos en poblaciones pequeñas. En cuanto a las oportunidades laborales, resulta extraordinariamente complicado hacer la transición de un empleo más o menos estable a uno encuadrado en “modelos de negocio social” sobre todo cuando por mucho que uno vaya acostumdrándose a vivir bien con menos, hay ciertas necesidades propias y sobre todo ajenas (hijos) que uno debe atender con el dinero que le produce ese empleo “no social”.

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  2. Alejo Etchart

    La pregunta es muy buena, Sergio. Precisamente durante la semana pasada en Londres mantuve una charla muy interesante sobre el tema ‘¿es posible un enfoque de transición sin una conciencia previa de comunidad?’. La pena en esta conversación es que el irlandés con el que la tuve, promotor de la ecovillage de Cloughjordan, era de la misma idea que yo: quizá la construcción de comunidad NECESITE y SEA MÁS VIABLE una vez que se demuestre que no es sólo una iniciativa ilusionante y poética, sino que además es capaz de generar empleo y economía para la comunidad por la vía del ahorro de energía, del uso compartido de crtivos y de la transformación de bienes en servicios. En todo caso, así parece que tiene que ser en comunidades urbanas donde el espíritu previo de comunidad es nulo. En aquellas comunidades rurales más cohesionadas, en las que existe tal espíritu (lo cual ocurre cuando han tenido que hacer frente en común a retos de diversa índole), en cambio, la viabilidad económica de los enfoques de comunidad puede bien construirse explorando juntos los activos físicos, emocionales, intelectuales y propios del lugar de los que pueden disponer.
    En cuanto a la cultura, no sólo no queda fuera de los enfoques de transición, sino que, muy al contrario, puede ser un elemento clave tanto para cohesionar una comunidad como para dotarle de viabilidad económica.
    Un abrazo,
    Alejo

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