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Otro modelo de partido es posible, pero… ¿qué modelo?

¿Pueden los actuales modelos de partido ser organizaciones eficientes en la sociedad de hoy? – Antoni Gutiérrez-Rubí

Antoni Gutiérrez-Rubí es asesor de comunicación política. A través de su blog, y Twitter analiza cómo, qué, cuando y por qué la gente que se dedica a la política transmite sus mensajes. Participó en la III Universidad Verde de Verano de Equo en el taller sobre Democracia Participativa (en la web se puede consultar su ponencia).

Repaso aquí otra presentación suya, creo que de gran interés para Equo como partido-red: «La nueva política: de los partidos a las redes«. El artículo en el que la explica se titula «Otro modelo de partido es posible«.

Antoni dice que el actual modelo de partido es «leninista«. Yo me pierdo con ese término, y lo traduzco por «anacrónico». Lo comparo con las instituciones actuales: hijas de la sociedad industrial, pero no de la sociedad del conocimiento, obsoletas, a reformar. Hay también varias pistas para saber en qué tipo de partido no puede convertirse Equo. Un «partido tradicional» es: acomodado en la cultura analógica, centralizado, vertical, jerárquico, fiel, basado en repetir consignas.

Conclusión: la política representativa no es eficiente para resolver los problemas de la gente. Pero entonces, nosotras que estamos construyendo un partido, ¿cómo lo enfocamos? ¿qué hay que cambiar para que sea «nuevo»?

De militantes a activistas

El militante «tradicional» no participa en las decisiones relevantes del partido, porque no le dejan o porque no quiere. Es un militante de autobús: se sube y va a los mítines, agita banderas, y se coloca tras el candidato para decorar.

Un partido nuevo es un partido de activistas. No para dar propaganda o pegar carteles, sino para hacer política. Es gente activa pensando, opinando, y contribuyendo a construir el ideario del partido. No llenan una sala para escuchar a un líder sino que se sientan en círculo para escucharse todos a todos y decidir en conjunto.

En Equo tenemos que construir nuestro discurso entre todas. No vale subcontratar la dirección del partido a un pequeño grupo de elegidos, sino que hay que pensar como si cada uno fuese Equo en su totalidad. No seas militante «de cuota»: se activista «de neurona».

De la casa a la causa

El partido tradicional requiere pleitesía, pues se ha convertido en el fin, y no en el medio: ponte alerta cuando oigas hablar de «el partido» por aquí y por allá. La «casa» que critica Antoni es la vez la «Casa del Pueblo» y su modelo de participación, y la casa como la frontera: de aquí para dentro afiliados, de aquí para fuera el resto.

Un partido nuevo es poroso, sin muros, que se deja llevar por las causas. ¿Nos interesa promover las renovables? Pues menos samba y más entrar en cooperativas, dar formación, cambiar tu tarifa a una verde, encadenarte a Cofrentes. ¿Eso no es lo que se espera que ocurra en un partido? Pues precisamente. Un partido nuevo es un actor más del movimiento social. No necesariamente el más importante, pero sí tiene una particularidad: es el que luego se va a presentar a las elecciones.

De las sedes a las redes

Antoni reconoce que el choque entre la pirámide y la red es duro e inevitable, y también inaplazable. El modelo del pasado vive del organigrama, del cargo, de tener una mayoría en una Ejecutiva. Se basa en la existencia de un «aparato» y en su control.

Pero el modelo piramidal está muerto. Si tu eres una activista de neurona, no aceptarás otra relación con otros activistas que no sea de igual a igual. El habitante de la Sociedad Red no se diluye en una organización, sino que establecen conexiones con otras neuronas en múltiples ámbitos. No milita sino que teje la red.

La tecnología da alas a esta relación empoderada. Por eso dice Antoni que «hay que reconvertir toda la organización para que lo digital sea lo natural, no lo accesorio o complementario«. No vale poner un foro en Internet para charlar como si estuviésemos en un bar: ha de ser una herramienta de deliberación y toma de decisiones. Hay que aprovechar la potencia de una herramienta que no te exige estar a una hora en un sitio determinado para poder participar, que te permite trabajar con gente que tiene diferentes compromisos, horarios y agendas sin necesidad de un control centralizado.

Y junto a la red, la movilidad. Equo debería de ser pionero y sacar la «aplicación de la Equomunidad para Android y iPhone», para permitirte opinar, votar, y participar plenamente en política allá donde estés.

De las consignas a las ideas

«Ideas, Font, y siempre nuevas«, me dijo Manuel Cabaleiro a mis 18 años y ya no se me olvidó más.

Las ideas en un partido tradicional vienen de dentro. Y de arriba, que piensen los de arriba que para eso hemos delegado en ellos. Si te paras a contar el número de personas que piensan en un partido tradicional, te salen muy pocas.

Las mejores ideas probablemente no las tengamos en Equo. Pero fuera hay gente que piensa mucho y bien. Asumamos lo que dice Antoni: «hay más ideas fuera que dentro«, y lleguemos a esas ideas conectando con los nodos necesarios. En vez de perseguir una organización grande, creemos una porosa, donde la gente pueda entrar a contarnos sus ideas. «Fulanito, tu que eres experto en X, ¿por qué no te pasas por la Equomunidad/asamblea y nos hablas de ese tema?»

De los ritos a las experiencias

¿Qué es un rito? Cualquier actividad política de la que te apetezca salir corriendo por cansina, cualquier protocolo, cualquier cosa que te haga bostezar.

¿Qué es una experiencia? La que te apetece repetir el año que viene. La que te permite participar en su construcción, la que te deja reirte y festejar, la que te divierte y te deja con la sensación de haber empleado bien tu tiempo (como por ejemplo la UniVerde, en Vitoria del 31 de agosto al 2 de septiembre).

De los delegados a los votos

Vota. Espera 1460 días. Vuelve a votar. Entre elección y elección, tu voto o bien se ha perdido en el sistema electoral, o bien va a darle fuerza a un representante que no sabe ni que existes. Quizá ni siquiera querías votarle pero lo has hecho para evitar que saliera otro.

Antoni cree que «la gente quiere opinar y ser decisiva cada día«, y que no van a esperar. Y de hecho no lo están haciendo, hoy en día el ciudadano se ha emancipado de las organizaciones políticas, sean partidos o sindicatos, y hace política al margen de las mismas. «Los partidos han perdido el privilegio de la acción política.»

Si la gente puede hacer política por sí misma, no hacen falta delegados. Si puedo representarme a mí mismo, no quiero delegar mi voto salvo que sea imprescindible. No quiero subcontratar con nadie mi representación, quiero ejercerla yo en todo momento.

La inteligencia de las multitudes

¿Por qué elige Equo en primarias abiertas? Democracia pura y dura, sí, pero también inteligencia colectiva. Reconocemos que no hay un sanedrín iluminado sobre los mejores candidatos, sino que nos acercaremos más a lo correcto cuantas más personas seamos pensando y votando. Cuantos más pensemos, más inteligentes seremos en conjunto.

Resumiendo lo que sería un partido «nuevo»: estaría formado por activistas políticos «de neurona», implicados en causas concretas, relacionados de igual a igual, en una organización porosa, festiva, con participación directa. Y con la Equomunidad en el móvil.

¿Cuáles son los problemas de un congreso de delegados?

En las próximas semanas Equo tomará una decision relevante con respecto a su organización interna. Decidiremos si a nuestro primer congreso en julio podrán asistir todas las personas asociadas con voz y voto (un congreso de socios) o si nos organizaremos para enviar una representación de cada asamblea territorial (un congreso de delegados). El debate está abierto, y hay argumentos y razones en ambos sentidos.

Los inconvenientes de un congreso de delegados

– Divide en función de dónde vive la gente, no de lo que piensa. En el Congreso vamos a confrontar ideas, y las mías pueden tener poco eco donde vivo, pero ser bien acogidas en el resto del Estado. A través de un sistema de delegados mis ideas se quedarán diluidas en el nivel territorial, en un paso adicional que sería conformar la opinión «de la asamblea». En vez de tener una dinámica en la que cuenten las opiniones de las personas, pasan a discutirse las posiciones de las asambleas.

– Si establecemos un escalón intermedio, ¿en qué nivel lo ponemos, en el local, provincial o autonómico? Si mandamos delegaciones autonómicas, éstas previamente habrán tenido que reunir a la asamblea autonómica. En una autonomía amplia, ¿quien acude a la asamblea, las personas individuales, o las delegadas de cada provincia? En la provincia, ¿se hace ya una asamblea universal o se reciben a las delegadas de las asambleas locales? El modelo en el que cada territorio envía hacia arriba sus delegaciones y opiniones es la famosa «pirámide».

– Es más difícil representar todas las sensibilidades. Si en una asamblea territorial se produce una votación con un resultado de 80-20, ¿qué votan sus delegadas? ¿Todas a la opción ampliamente mayoritaria, o respetan la proporción de voto? Sin intermediarios, cada una votaría su opción y todas contarían directamente en los resultados.

– Se plantea una desigualdad entre personas afiliadas y delegadas. Como afiliada, si estás interesado en apoyar una propuesta, tendrás que convencer a una delegada que tiene varios votos, mientras que tu, si no eres delegada, no tienes ninguno. Estarás más interesado en hablar con las delegadas de los territorios mayoritarios, que tienen más peso en las votaciones. Desde mi punto de vista, convencer a delegados es una actividad de la «vieja política«.

– El principio de «una persona = un voto» se socava. Habrá gente que no sea delegada, y que por tanto no tenga derecho a voto. Otra gente será delegada y representará a varias personas. Aplicar el principio «una persona = un voto» significaría que cualquier afiliada tendría derecho a participar y a hacer uso de su voz y su voto, sin delegar si no quiere, y sin que nadie tome las decisiones por ella.

Problemas que sí soluciona el sistema de delegación

Por otra parte, un Congreso por delegación sí que soluciona determinados problemas:

– El gasto del desplazamiento. Llevar 1000 personas a Madrid es un gasto muy relevante, económico, ecológico y organizativo. Llevar a 100 delegadas es mucho más sencillo, barato y ecológico. Cuando seamos 10.000 afiliadas en Equo la cuestión será aún más relevante.

– La representatividad de los lugares peor comunicados. Pensemos en los insulares, ¿podemos pedirles a los varios centenares de afiliadas de las islas que se desplacen a Madrid durante un fin de semana? ¿Y a las «dobles insulares» de Fuerteventura o Ibiza? Sería más práctico recibir sus propuestas a través de delegación.

– La ventaja del que puede acudir con respecto al que no puede. Tanto por motivos personales, como económicos, las decisiones en un Congreso de socios las tomarían las personas que pudiesen permitirse acudir. Quienes no tengan niños ni familiares que cuidar, quienes no tengan que trabajar el fin de semana, y quienes tengan dinero suficiente para pagarse el viaje y el alojamiento. En un sistema de delegadas en cambio todo el mundo estaría al mismo nivel.

¿Cómo solventar los problemas de un congreso de socios?

Desde mi punto de vista el congreso de personas asociadas es el que mejor representa una forma nueva de hacer política. Para que sea un éxito, debe de incorporar mejoras que permitan superar sus problemas.

En esta línea podrían ser útiles varias alternativas, por ejemplo: crear una bolsa solidaria para compartir gastos de quienes viajan, abrir la participación al Congreso a través de Internet, establecer un servicio de guardería, o permitir que quien no pueda acudir tenga la posibilidad de delegar su voto en otra persona.

Y a tí, ¿te interesa profundizar en esta alternativa de un congreso de socios?