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Las 3 claves del cambio: el elefante, su jinete y el camino

La parte racional de las personas es «el jinete«. Es quién toma las riendas y piensa dónde ir. La otra parte, la emocional, es «el elefante«. Muchas veces da igual cuanto empeño ponga el jinete, que el elefante es más fuerte y acabará yendo donde quiere. 

Esta entente entre jinete y elefante es una propuesta del psicólogo Jonathan Haidt para entender el comportamiento humano. Basada en ella, Chip y Dan Heath han escrito «Cambia el chip: Cómo afrontar cambios que parecen imposibles«. 
Hay 3 claves en el libro para favorecer procesos de cambio (primera nota: el cambio no es un evento, sino un proceso). La primera es: dirige al jinete. Entiende cómo funciona y cómo proponer argumentos racionales para el cambio. La segunda es: motiva al elefante. Se consciente de la fuerza de la emoción. La tercera es: dale forma al camino. Modifica el entorno para facilitar el cambio. 

Dirige al jinete

El jinete tiende a darle muchas vueltas a las cosas. Pónselo fácil:

  1. Muestra el destino con total claridad. Muchas veces lo que parece resistencia al cambio es sólo una reacción a la falta de claridad. 
  2. Señala las reglas críticas. Tomar decisiones cansa, pero si tienes un conjunto mínimo de reglas que seguir, lograr un cambio será más fácil.
  3. Replica los pequeños éxitos. En vez de enfocarte en arreglar lo que está roto, busca las cosas que están yendo bien y multiplícalas. 

Motiva al elefante

De nada sirve el mejor jinete si el elefante toma otro camino. El elefante entiende de emociones. Guíale así:

  1. Encuentra el sentimiento. En vez de convencer con datos, convence generando sentimientos. El patrón del cambio no es ANALIZAR > PENSAR > CAMBIAR. Sino VER > SENTIR > CAMBIAR.
  2. Desmenuza el cambio. Si el objetivo es demasiado ambicioso, el elefante se desmotiva. Busca el cambio más pequeño posible, reduce las expectativas, y haz que la única opción sea el triunfo, por pequeño que sea. Además, la sensación de progreso es un gran motivador. Es más motivador pasar de 2 a 12 que de 0 a 10.
  3. Apela a la identidad (que es un mecanismo irracional de toma de decisiones) en vez de a las consecuencias (mecanismo racional). Queremos que algo cambie porque dice cosas acerca de quienes somos.

Dale forma al camino

Para ayudar al cambio se puede modificar el entorno, quitar complicaciones, y buscar fluidez. 

  1. Crea hábitos. Los hábitos son el piloto automático del comportamiento. Son decisiones «pre-cargadas» en la mente del jinete. Tomar decisiones desgasta, y un hábito evita tener que pensar. Encontrar disparadores ayuda: cada vez que entre en una habitación de hospital me desinfectaré las manos, sin pensar. 
  2. Cambia el entorno. Hay situaciones estructurales que frenan el cambio. Por ejemplo, para facilitar la colaboración entre compañeros de oficina vale más crear una buena sala de reuniones o activar un wiki, que doscientos correos de los jefes animando a colaborar.
  3. Busca al grupo. Los cambios de comportamiento son contagiosos. Mostrar que otros ya han cambiado ayuda a cambiar. «Más del 50% de tus compañeros de oficina ya han contestado a esta encuesta». 

Algunos ejemplos del libro

¿Cómo conseguir que los empleados manden sus hojas de gastos a tiempo? 

  • Investiga por qué los que sí las mandan a tiempo lo hacen > Replica los éxitos
  • Muestra como los compañeros de contabilidad se agobian al deber tratar gastos que llegan atrasados > Busca el sentimiento. 
  • Simplifica el formulario de gastos > Cambia el entorno 

¿Cómo reducir el presupuesto de una organización sin crear un gran lío? 

  • Busca los departamentos que ya están ahorrando > Replica los éxitos
  • Busca el ahorro más pequeño posible > Desmenuza el cambio. 
  • Muestra los ahorros conseguidos en otros departamentos > Busca al grupo. 

¿Cómo hacer cumplir la política de seguridad en una fábrica? 

  • Reducir el número de normas > Señala las reglas críticas. 
  • Pintar una línea azul en el suelo a partir de la cual es obligatorio el uso de casco y gafas > Crear hábitos (y disparadores). 

Para finalizar, una pregunta abierta: ¿cómo aplicar este modelo a cambios orientados a frenar el cambio climático, o a otros problemas ecosociales? 

Qué hacer siendo el último verde de la fila

En 2003 Miguel Puente fue el candidato autonómico de Los Verdes Izquierda Verde d’Asturies. Recuerdo una frase suya en campaña por Avilés: «Fíjate, sois estudiantes universitarios y estáis apoyando a un candidato que es conserje de instituto«. 

Miguel Puente, de pie en el centro, recibe a un grupo de voluntarios de los verdes belgas (Ecolo y Groen!) que recogieron chapapote del Prestige en las playas asturianas – Diciembre 2002.

Entonces no le di mucha importancia: consideraba irrelevante a qué se dedicase Miguel, y lo tomé como un gesto de humildad de alguien muy preparado y capaz. Ahora lo interpreto de forma diferente. Con 40 recién cumplidos, y tras 4 años descolgado de la política, me replanteo mi lugar, y creo que es muy parecido a aquel de 2003: apoyando a un conserje a ser candidato verde. 

Contradicciones

Cuando pienso en presentarme a unas primarias para un cargo público veo una contradicción: acumulo un buen número de privilegios, lo que me separa de la gente a quien pretendo representar. Soy un varón, heterosexual, blanco, con un máster universitario, un trabajo permanente, ahorros, y vivo en el extranjero (para mí ésto es un privilegio, para otros no). Pero no quiero hacer política para la gente como yo, sino para las personas que huyen de la guerra por el Mediterráneo, para las minorías sexuales sin libertad, para los trabajadores de la térmica que cerró, para las mujeres amenazadas por el machismo, y para las víctimas de la crisis climática. No conozco las circunstancias de toda esta gente en primera persona, y dudo que las pueda representar adecuadamente.

Verdes de todos los colores

Creo que sería valioso que entre quienes defienden públicamente políticas verdes hubiese más mujeres, jóvenes, inmigrantes, de clase trabajadora, o pertenecientes a una minoría sexual. 

Hay ya varios ejemplos relevantes. Alexandria Ocasio-Cortez tiene 29 años, es latina y antes de ser política era camarera. Me parece un punto de partida que confiere credibilidad para defender el Green New Deal. Magid Magid tiene 30 años, nació en Somalia, es negro, ha sido elegido recientemente eurodiputado por Los Verdes, y su lema es «Immigrants make Britain great». También es notorio el gran número de eurodiputados verdes jóvenes, como Terry Reintke, elegida hace 5 años cuando tenía 27, y una voz constante en la lucha por la igualdad de género y los derechos LGTBI.

¿Cómo encontrar candidatos así en España? 

Las redes transversales (jóvenes, mujeres, LGTBI) son un primer espacio para que se formen futuras candidatas. Por ejemplo, muchos eurodiputados verdes han pasado por la ejecutiva de la FYEG. Quizá falten más redes, como por ejemplo «ecosindicalistas», que estaba activa en tiempos de la Coordinadora Verde. 

También falta formación y promoción. Volviendo a Ocasio-Cortez: fue promovida y apoyada por un grupo de base llamado «Justice Democrats». Esta organización opera como «un partido dentro de un partido» (el demócrata), busca candidatos que defiendan sus ideas (Green New Deal, Medicare for all, Abolish ICE), y les prepara para competir en primarias. 

Quizá funcionase en España un modelo parecido. Sería un buen lugar para que colaborasen varones blancos heterosexuales, como yo. 

¿Qué relación hemos de tener Equo con los sindicatos?

Se aproximan nuevas convocatorias de Huelga General por parte de sindicatos mayoritarios y minoritarios, y parece que no van a ir de la mano. Esto ha relanzado un debate en la Mesa Federal de Equo: la relación con los sindicatos y sus convocatorias, que tiene muchos ángulos e interpretaciones, a veces complementarios, a veces encontrados. Un tema recurrente, que volverá con cada convocatoria. Dentro de Equo hay gente que milita en diferentes sindicatos, y que tienen interés porque su labor sindical y política vayan, en lo posible, por caminos compatibles.

Me parece importante avanzar en esta discusión y encontrar puntos que nos permitan tener una postura lo más común posible que podamos usar de forma estable y coherente. Reflejo aquí algunas de las cuestiones que han ido saliendo en la discusión, sin citar procedencia:

¿Debemos tener la misma relación con los sindicatos mayoritarios y con los minoritarios?

Hasta donde conozco, en Equo hay militantes de CCOO, de CGT, y de otros sindicatos sectoriales y territoriales. Los sindicatos ya tienen una dinámica particular entre ellos: los grandes suelen ningunear a los pequeños (de hecho una convocatoria para que se llame «unitaria» basta con que incluya a los grandes para serlo); los pequeños suelen ser reacios a participar en las convocatorias de los grandes, buscando días distintos o manifestaciones con recorridos diferentes. ¿Podemos encontrar una postura que nos mantenga fuera del juego interno de los sindicatos?

Yendo a lo práctico, a finales de mes hay una convocatoria de huelga general por parte de la CGT. Hace poco apoyamos la del 29 de marzo, convocada tanto por mayoritarios como por minoritarios, ¿deberíamos apoyar ésta también?

En la discusión hasta ahora ha habido dos posturas:

– Apoyar sólo las convocatorias que tengan una garantía de éxito. Esto implica que una convocatoria de un sindicato en solitario, sea minoritario o mayoritario, no la apoyaríamos. En cambio cuando al menos los dos mayoritarios las hagan conjuntamente, sí. Así se concentran las fuerzas en convocatorias más amplias.

– Apoyar todas las convocatorias que haya. En la práctica esto significa que cada persona secundará la convocatoria que quiera, representando a Equo allí.

¿Cómo colaborar con los sindicatos?

El ejemplo más reciente que hemos tenido ha sido la petición conjunta de Equo, CCOO y UGT de un referéndum sobre el rescate. Ambos sindicatos salieron en prensa para sumarse a la petición. Aunque hoy en día, si no me equivoco, la única organización que está en la calle recogiendo firmas para el mismo es Equo.

Por otra parte, ¿quien es nuestro interlocutor ideal, la organización o sus bases? Tradicionalmente se habla «de organización a organización». Si buscamos una nueva forma de hacer las cosas, que dé protagonismo a las personas antes que a las organizaciones, ¿podríamos tener una interlocución «de militantes a militantes»? ¿Incluso ante sindicatos cuya estructura poco horizontal está muy arraigada, y nos arriesguemos a que nadie nos escuche?

Otra idea del debate actual es la posibilidad de abrir las propuestas de carácter sindical a toda la sociedad civil: que todo aquel que quiera opinar sobre la conveniencia o no de convocar una huelga general lo pueda hacer, en un plano de colaboración de las organizaciones sindicales con el resto de la sociedad civil. A mi juicio el camino más interesante es éste.

¿Son los sindicatos organizaciones monolíticas?

Pondré el ejemplo de Comisiones Obreras, comentado en los pasillos de la pasada UniVerde. Hay bastantes afiliados de CCOO en Equo, y una de las herramientas que más valoran es ISTAS, el Instituto Sindical de Trabajo, Ambiente y Salud. Cuando abres la web de ISTAS ves a gente yendo a trabajar en bicicleta, peticiones de reducción de emisiones, y una preocupación por el medio ambiente en relación con la salud y con el trabajo de forma transversal, un enfoque que en definitiva me parece muy cercano a las posturas de Equo.

Dentro de la misma organización, si escuchamos a gente más vinculada a sectores industriales, o al carbón, es común oir defender argumentos productivistas, que ponen al trabajo por encima de la salud, por encima del medio ambiente, por encima de todo lo demás. Dentro de la misma organización conviven dos formas muy diferentes (ambas denominadas «de izquierdas») de entender la relación entre trabajo y medio ambiente. Será más fácil colaborar con unas partes que con otras dentro del mismo sindicato.

¿Qué opinan nuestras sindicalistas?

En Equo tenemos gente en varios sindicatos, con visiones diferentes sobre el día a día sindical, las relaciones inter-sindicales, y la política laboral. ¿Qué opinarían de crear un grupo transversal, en la que se comuniquen y discutan sus roles en sus respectivos sindicatos? Creo que esto nos ayudaría a encontrar argumentos de largo recorrido, que nos sirvan como criterios para posicionarnos frente a todas las convocatorias que vengan.

Son muchas preguntas y con amplias interpretaciones posibles. Y tú, ¿cómo lo ves?

¿Cómo hacer a Urresti diputado?

¿Cómo hacer que Aitor Urresti, ingeniero industrial de 37 años, gane la confianza del electorado vasco para meterse en su Parlamento autonómico? Desde que fue elegido en primarias por afiliados y simpatizantes (busquen eso en otros partidos), esta es la gran pregunta para Equo Euskadi, y por la influencia positiva que tendría, también para el resto de Equo. Si puedes irte unos días a hacer campaña con ellas, te animo a que lo hagas, más aún si no has estado en Vitoria en la UniVerde. A Álava sólo le falta un diputado de Equo para hacer honores al título de Green Capital de Gasteiz.

Desde lejos hay que buscar otras formas de colaborar. Planteo aquí una: un análisis cuantitativo de las posibilidades de que los vascos le den el escaño a Aitor, basándome en el «embudo» de Equo. Esta herramienta es una adaptación de la utilizada en departamentos de ventas y en el análisis de tráfico web, para visualizar cómo los usuarios van vinculándose a un producto o marca.

He evaluado 4 parámetros: el grado de conocimiento de Equo Euskadi, el voto obtenido en las anteriores generales, el seguimiento en las redes sociales, y la afiliación y simpatizantes. Este embudo es un trabajo amateur, quien quiera echarle un ojo crítico y corregir tanto datos como enfoque es más que bienvenido.

– ¿Cuanta gente conoce a Equo en Euskadi? Según los estudios de las elecciones generales el conocimiento de la marca era entonces bajo, en torno al 20% antes de la campaña y al 30% después. Me quedo en la franja baja y considero que el 20% de los habitantes de Euskadi conocen Equo. Serían 440.000 355.058 personas, 64.000 51.483  de las cuales en Álava.

– ¿Cuanta gente vota a Equo en Euskadi? Aproximo usando los votos del 20-N: 15.351 (3.574 en Álava). Esto significa que el 3,5%  4,3% de las personas que conocen Equo, nos votan. En Álava el porcentaje es un poquito más alto, el 5,6% 6,9%. Simplificando mucho, habría que dar a conocer Equo a 100 personas en Vitoria para lograr 6 7 votos.

– ¿Cuanta gente sigue a Equo habitualmente? Como indicador uso las redes sociales: unas 5000 personas siguen a Equo Euskadi en Facebook y Twitter. Aquí hay varios puntos débiles en el análisis que analizaré en la post-data. El porcentaje de conversión sería significativo: el 33% de la gente que vota mantiene luego una relación estable con Equo.

– ¿Cuanta gente participa en el día a día? De momento poca, alrededor de 150 entre afiliados y simpatizantes implicados en Euskadi y una treintena en Álava. El máximo nivel de compromiso sólo lo adquieren el 3% de los seguidores.

El embudo de Equo Euskadi tendría esta pinta, con los datos de Álava entre paréntesis:

(Enlace al embudo en GoogleDocs, editable. Actualizado el 7/9 tras el comentario de Carmen)

Conclusiones para optimizar la campaña

De este embudo se pueden extraer varias ideas:

– Una estrategia que funcionaría: dar a conocer Equo. Influyen muchos otros factores, pero podemos simplificarlo: duplicar el número de gente que nos conoce duplicaría el número de votos. Ahora, hay que tener en cuenta que eso son 52.000 64.000 nuevas personas sólo en la provincia de Álava. Eso son casi 1.500 1.200 personas por día a contar desde hoy 7 de septiembre, 43 días antes de la jornada de reflexión. ¿Está la campaña de Equo diseñada para alcanzar a tanta gente? ¿Es posible hacerlo aplicando las 3 sugerencias de campaña de Europe Ecologie?

– Otra estrategia que funcionaría: convencer a la gente que ya conoce Equo para que nos voten. Mientras la propuesta anterior de darse a conocer se repite en muchos análisis, esta segunda queda minusvalorada, y creo que el embudo muestra que puede tener tanto valor como la anterior. Habría que buscar 3.500 nuevos votantes entre aquellas personas que ya conocen Equo. La cuestión es: ¿dónde están? Si sabemos donde están se puede realizar una campaña con un mensaje más focalizado. Aquí  encajarían las sugerencias de Europe Ecologie: temas concretos, lugares de interés, y grupos de opinión.

– Una estrategia que no funcionaría: centrarse en aumentar el seguimiento en las redes sociales. A la vista del embudo, la mayoría de los seguidores en las redes probablemente ya sean gente convencida o votantes, y no tendría sentido lanzarles mensajes que digan «vota». Más bien, habría que lanzarles mensajes que digan «comparte«, para animarles a convertirse en altavoz hacia sus contactos, quienes a su vez quizá conozcan Equo y sean receptivos a un mensaje que les convenza para votar. El número de seguidores en las redes sería entonces un indicador de éxito: cuanto más crezca, mejor se estará haciendo la campaña, pero no hay que centrarse en hacerlo crecer. El «aprobado» en Álava se movería en torno a los 3.000 seguidores.

– Otra estrategia que no funcionaría: querer aumentar la afiliación. De manera análoga a los seguidores en las redes, el número de afiliados es más bien una consecuencia que una causa. Aunque puede ser cierto que cuantos más afiliados existan más capacidad de darse a conocer hay, también valdría con tener un buen número de simpatizantes y voluntarios haciendo campaña sin necesidad de que se afilien.

Post-data: El análisis de las redes sociales

Creo que este apartado es el más débil del análisis y merece una atención especial. Insisto, las críticas son bienvenidas.

En Euskadi hay unos 5000 seguidores sumando Facebook y Twitter, pero para que fuese un número válido habría que descontar: a quienes sigan tanto en Facebook como en Twitter, pues se repiten: a quienes no sean de Euskadi, para centrar el ámbito de la análisis; a quienes no sean votantes, porque el modelo presupone que las redes sociales son un subconjunto de los votantes. Querer calcular cuantos de esos 5.000 seguidores en las redes sociales son realmente votantes sería un brindis al sol sin tener más datos.

Además, en España sólo un tercio de la población usa Facebook. Si queremos que el número de seguidores de las redes sociales actúe como aproximación, tendríamos que multiplicarlo por 3. Y hay que tener en cuenta la variable demográfica: el tercio que usa redes sociales está mayoritariamente por debajo de 45 años, y habría que extenderla para cubrir todo nuestro electorado. Pero, ¿cuantos mayores de 45 años nos votan? De nuevo escasez de datos.

Lo ideal sería obtener la variable «gente que sigue de una forma u otra a Equo con cercanía en todo el espectro de edad». A falta de datos, me quedo con el número de seguidores en las redes sociales como aproximación.

Una estrategia de crecimiento para EQUO

Queremos que Equo crezca en todos los niveles: más afiliadas que contribuyan económicamente, más simpatizantes que aporten sus ideas, más amigos que difundan lo que hacemos. Así seremos más fuertes, más populares, obtendremos más votos. Avanzando en todas las líneas podremos contribuir a cambiar el mundo a base de democratizarlo y hacerlo sostenible y solidario.

Hasta ahora hemos promovido la afiliación para el Congreso, pero no tenemos estrategia de expansión. Sí, queremos pasar de 1.500 afiliados a 6.000, o ¿por qué no? a 25.000, pero no está claro cómo. Si partimos de la base de que apenas nos conoce el 20% de la gente, bastaría con darse a conocer a toda la población para subir como mínimo a 7.500. Fácil, ¿no? Antes de asegurarlo, veamos qué datos tenemos.

El embudo de EQUO

En la gestión empresarial existe el concepto de «embudo de ventas», que muestra las diferentes fases por las que atraviesa un potencial cliente. Lo primero es dar a conocer el producto a mucha gente, luego un porcentaje desarrolla un interés, una parte llegan a evaluarlo, algunos lo usan por primera vez, y finalmente un grupo más reducido se convierten en clientes habituales.

He dibujado un embudo similar con cuatro categorías: gente que conoce Equo, gente que nos sigue en las redes sociales, gente que participa en la Equomunidad, y finalmente gente que se afilia. Este gráfico recoge los datos existentes:

Tabla de conversión de EQUOSurgen dos preguntas relacionadas: ¿cómo conseguimos aumentar el número de gente en cada nivel? y ¿cómo conseguimos que más gente pase de un nivel al siguiente? En función de estos datos, creo que es posible cuestionar la idea habitual de que más gente se sumará a Equo sólo por el hecho de conocernos. Cabe pensar también que dentro de nuestro electorado potencial (ese 5% que se declaran ecologistas en las encuestas) probablemente ya seamos conocidos.

Sería por tanto más efectivo investigar cómo podemos aumentar las tasas de conversión entre la gente que ya nos conoce: ver cómo podemos hacer nuestra oferta más atractiva.

¿Con quién crecer?

Retomando una de las ideas de campaña de Europe Ecologie, en vez de lanzarnos a buscar afiliados en general, es más efectivo hacer una búsqueda por nichos. Veamos qué tipo de gente ha entrado en Equo y por dónde podemos continuar buscando.

– Para poder crecer lo primero es no decrecer, y por tanto un primer grupo serían aquellas personas que se están dando de baja. Hay quien no ha encontrado su sitio y se va, es algo normal en la consolidación de una organización. Otros entraron a molestar y se van cuando nadie les hace ya caso. Pero hay gente que se está yendo por otras razones más importantes: falta de coherencia del discurso con la práctica, falta de radicalidad en el discurso, o por no encontrar el tipo de partido que esperaban cuando entraron. Creo que es importante analizar estos factores preguntándole a la gente que se ha ido.

– Un grupo relevante dentro de Equo son aquellos que nunca antes habían participado en política. Probablemente sea el primer nicho del que saquemos más integrantes y sea un paso sociológico hacia el 30% del electorado que se abstiene. Sería importante analizar por qué vinieron, qué mensaje les convenció, y replicarlo para seguir atrayendo a «votantes en busca de un partido».

– Otra gente se ha dado de baja de otros partidos tradicionales para venir a Equo. ¿Qué les ha llevado a dar ese paso? Encuestándoles y obteniendo esa información tendremos pistas para que quizá otros sigan el mismo camino.

– Somos un partido de causas, que son también nichos. Hay internautas, agricultores ecológicos, madres que dan el pecho, empresarios, neorrurales… hay un gran número de personas involucradas en aspectos coherentes con el ideario de Equo que podrían estar interesadas en hacer política participativa con nosotras.

– No todos los miembros de los partidos verdes se han integrado en Equo, algunos que antes eran afiliados ahora prefieren mantnerse como simpatizantes ¿por qué? Es importante también conocer sus razones, pues son candidatos claros para afiliarse.

– Con las iniciativas ciudadanas. Hay una serie de partidos independientes que luchan en política por la transparencia, la buena gestión, el medio ambiente. ¿Podrían acercarse a Equo? Ya lo han hecho Electores de Alhaurín de la Torre y la Iniciativa Vecinal Independiente de Alcorcón. Hay que tener también en cuenta que estos movimientos consideran clave para su funcionamiento, y lo tienen a mucha honra, el ser independientes de cualquier otro partido político. Una posible estrategia en este ámbito podría pasar por integrar a los miembros del partido en los grupos y en el trabajo de Equo a nivel estatal y autonómico.

¿Dónde crecer?

Equo está presente en casi todas las provincias, pero tiene más dificultades en aquellas con menos población. Para un partido estatal no es rentable en términos electorales hacer un esfuerzo allí donde sería necesario el 15% del voto para poder elegir diputados, salvo cuando se tienen en cuenta las europeas, con circunscripción única. Sin embargo, en un partido volcado hacia las personas y no hacia los escaños, merece hacer el esfuerzo allí donde haya gente, independientemente de su valor electoral.

Una estrategia de crecimiento efectiva podría apoyarse en el trabajo municipal. Ya tenemos un ejemplo exitoso, el de Los Verdes en Segovia. Hay una decena de concejales ecologistas cuyo punto en común es que han sido elegidos en pueblos pequeños amenazados por un gran problema medioambiental. Una estrategia parecida podría funcionar en otras provincias con poca población.

De la misma manera se pueden buscar otros nichos de voto, y apostar por ellos. Euskadi es un buen ejemplo de ello. Álava tuvo un alto porcentaje de voto verde en relación con el resto del Estado, y apoyarles realizando la UniVerde en Vitoria-Gasteiz servirá para reforzarles de cara a las elecciones vascas.

Análogamente a como buscamos iniciativas ecologistas, podemos buscar también movimientos «democratizadores», y sitios donde se pueda apostar por candidaturas que tengan por bandera reivindicaciones del estilo de los presupuestos participativos.

El último complemento es el discurso estatal. Siendo coherente con las acciones realizadas se puede llegar a otro tipo de público, como está ocurriendo. Gente que tiene más interés en el ámbito estatal que en el local. Nuestro modelo de funcionamiento los debe de poder acoger a todos.

¿Qué puede ofrecer Equo que no ofrecen otras alternativas de política ciudadana?

Los partidos ya no tienen el monopolio de la acción política. Un ciudadano puede hacer política bien por sí mismo, bien con otras organizaciones que buscan influir en la sociedad y en la toma de decisiones. Es en ese marco en el que un partido tiene que presentar su valor añadido para que la gente se una.

En el caso de Equo uno de esos valores es la visión europea, con la vinculación de Equo al proyecto verde europeo. No tenemos representación propia en el europarlamento todavía, pero los 58 eurodiputados del grupo VERDES/ALE (46 contando sólo los ecologistas), son en cierta medida nuestros también. Si enlazamos con ellos, siguiendo su trabajo y haciéndoles llegar propuestas, estaremos aportando a Equo un activo diferenciador.

Otro de los valores añadidos puede ser la flexibilidad a la hora de participar. Tu puedes venir y participar hasta donde te quieras comprometer, sin que exista la obligatoriedad de afiliarse. Esa obligatoriedad es una de las barreras que los partidos ponen a los ciudadanos para la participación política, y no debería de ser así. Si participas en una ONG por ejemplo de cooperación internacional, y te interesa saber qué hacemos en el grupo de trabajo respectivo de Equo, te metes en la Equomunidad, te implicas hasta donde quieras, y quizá mañana te interese afiliarte.

La organización ha de ser «porosa», la gente puede entrar y salir. El simpatizante de hoy es el afiliado de mañana, si ve que sus opiniones cuentan, que su voz se escucha como una más, opinando en función de las ideas de cada uno y por «por ser vos quien sois». No tienes que trepar a ninguna estructura para que se oiga tu voz, eres uno más, una persona, un voto más, igual que los demás.

Para aprovechar los nichos y aumentar nuestros índices de conversión, necesitamos crear un entorno en el que la gente pueda sentirse parte del proyecto. Teníamos los grupos de trabajo a buen (mejorable) rendimiento en la redacción del programa, con un flujo continuo de gente apuntándose a la Equomunidad. Hoy en día la tenemos en reformas, a la mayor parte de los coordinadores dimitidos y sin recambio: una herramienta estupenda aún paralizada. Porque Equo puede ofrecer una plataforma para cambiar el mundo. Los grupos de trabajo pueden ser el germen de movimientos, de acciones concretas, de elementos de participación. La clave es ser útiles a una sociedad movilizada.